por miracleworker » 07 Nov 2011 23:09
Texto promocional de Miqui Otero sobre el nuevo disco de Biscuit "Memorabilia":
Uno. “La luz que arde con el doble de brillo, se extingue en la mitad de tiempo”, “La llama arde
siempre, hasta el fin de la adolescencia”, “Espero morir antes de hacerme demasiado mayor”,
“¡No tenéis ni puta idea!”. Las frases de la película Blade Runner, de la novela Puro Fuego y
de la canción de The Who quedan anuladas por el latigazo de Armand Cardona, guitarrista de
Biscuit. La puede haber soltado hace unos días en un concierto, avalado por su camisa del
Bada Bing de Los Soprano, o, guitarra española en ristre, mitad Wayne Kramer mitad Charlie
Rivel, cuando era un preadolescente, un sábado por la mañana en casa de sus padres mientra
sonaban los Downliners Sect. Como respuesta, la mirada de aprobación, de condescendencia
o de ganas de ball de bastons fraternal de su hermano Xavi, que trastea, elevado en sus
botines de tacón cubano, con su eléctrica: antes, ahora y siempre.
Dos. La gente anda escasa de tutores, pero Biscuit son los capos del garaje catalán y también
del resto de las bandas de Vilanova i la Geltrú (Barcelona). Como dice un amigo común, “son
así de buenos porque entrenan dos veces por semana desde hace muchos años”. La puerta
de su casa era ya a principios de los noventa una especie de meca del punk sixty, la cueva de
la piedra filosofal del freakbeat, la fuente del licor del garaje adonde los amigos de su hermano
menor iban con cassettes para mendigar discos de los Sonics o de Love como quien trasiega
cántaros para llenarlos de agua fresca (o de Xibeca). En la pared frente al hogar de estos
hermanos Davies (The Kinks) de la fideuà y el xató en lugar del fish and chips, el indicio: una
pintada donde se leía “Fes l’amor” con una gigante diana de la RAF en la O.
Tres. Han pasado treinta años, pero las mandíbulas de buzón, las bocas de muñeca inflable
en forma de O, siguen ahí en las caras de todos los que los ven en directo. Biscuit son los
jefes. Los putos amos: con los hermanos Cardona y con el implacable Hombre Tranquilo al
bajo y con ese batería que de repente agarra una 12 cuerdas y borda un hit de The Chemistry
Set. Son el cruce perfecto entre un monólogo de Bill Hicks, una gresca entre Tom y Jerry y un
concierto de los Pretty Things circa 1965.
Cuatro. Si esto del rocanrol filosixty fuera una cátedra, Memorabilia sería un libro de lectura
obligatoria y los Biscuit serían profesores con barba con forma de V. Pero seguramente ellos
abrirían a media clase una cerveza (¡¡It’s beer o’clock!!), alguien diría “No tenéis ni puta idea”
y habría una gran risa, una gran distorsión y al menos 30 canciones con una voz, la de Xavi,
que suena cada vez más alta y más negra. En esos temas encontraríamos los interludios de
canción del Who’s Next en Gone, que abre fuego en este disco, o las palmas psicodélicas a
lo SF Sorrow is Born de los Pretty Things en Can’t Pity You. O las melodías más pop (si hay
nuggets y pebbles, podríamos llamar a estas canciones biscuits) de temas como I’ll Be Late, I
Was Right o Winnebago Man, primer single.
Y cinco. Los Biscuit cerraron sus macutos y se fueron a grabar Memorabilia a Chicago. Habían
estado escuchando temas de los Dammned, de los Undertones, de Rockpile y de Dr. Feelgood,
pero también de Superchunk, de Sugar y de Buffalo Tom. Querían hacer un disco más directo
que su anterior cañonazo, Cinnamon Fadeout. En los Engine Estudios, donde gastaron el surco
de discos de rock australiano como The Monarchs o You Am I, los vecinos golpeaban el techo
con la escoba porque tocaban demasiado alto, convencieron a un taxista brasileño para que
se soltara estupendamente con las percusiones de Rainbow Haze, liaron a Mike Miller (jefazo
del Delilah’s, local legendario de esa ciudad) para un spoken word, se aficionaron al mezcal y
atronaron a toda una calle en la que, curiosamente, resiste la tienda de discos donde filmaron
la peli Alta Fidelidad (“¿estamos tristes porque escuchamos música pop o escuchamos música
pop porque estamos tristes?”, “¡No tienes ni puta idea!”). Han regresado con una lección de
psicodelia, garaje, indie-rock y punk-rock 77 que quita el hipo, las palabras y las orejas. Y van a
tocarlo muchas veces. Porque nadie lo hace como ellos. Porque van a girar y girar y girar como
la Carpa Juanita, estrella de su ciudad de origen, el único pez del mundo que bebe en porrón y
que es inmortal y que no se cansa de girar y girar y girar. Respeto por los jefes. Siempre.
Miqui Otero